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Mucha gente me ha preguntado qué es lo que hace a la maratón de New York tan especial. Es difícil expresar con palabras la emoción que se siente al vivir el ambiente y correr por sus calles. ¡Es vibrante! Una ciudad que te llena de energía y que no te deja indiferente. Espero transmitiros toda esa energía con el relato de mi experiencia newyorquina.


En el 2011 tuve el honor de tomar parte en la prueba de élite femenina de la Maratón de New York.


El miércoles 2 de noviembre de 2011 volé, junto con mi entrenador y  manager, rumbo a New York City. A pesar de tener que madrugar, no me cuesta levantarme, me despierto con una sonrisa en la cara, ¡por fin llegaba el día de viajar a New York! La gran cita ya estaba ahí, ¡qué ganas!


Al llegar a New York, nos estaban esperando con una limousine, ¡qué pasada! A pesar de las 8h de vuelo, estábamos llenos de energía y con ganas de llegar al Hotel para poder dar una vuelta por la Gran Manzana.


De camino a Hotel, New York empieza a deleitarnos con una de sus maravillas: el skyline nos saludaba, ¡qué bonito! Tras unos 30min de viaje, llegamos a nuestro destino final, el Hilton de la 6th Avenida. Podemos ver que en la ciudad se respira el ambiente maratoniano. Está plagada de carteles y publicidad sobre el gran evento. Todo ello denota la gran importancia que tiene la maratón para la Gran manzana. ¡No me puedo creer que esté aquí!


Está todo pensado hasta el último detalle: las tarjetas de las habitaciones llevan el logo de la maratón, los carteles de DO NOT DISTURB de las habitaciones, también están relacionados con el evento: DO NOT DISTURB, MARATHONIAN IS SLEEPING. ¡Estos americanos son la leche!


Dejamos las cosas y nos vamos a la Hospitality Room; es decir, a la sala donde los atletas de élite íbamos a pasar gran parte de  nuestro tiempo los días previos a la maratón. Ya que allí es donde comeríamos, donde iríamos por agua, bebidas isotónicas, internet, etc. Ya hemos llegado casi todos los atletas de élite. Me encuentro con algunas de mis compañeras de carrera y con miembros de la organización que ya conozco de otras competiciones.


Como todavía es temprano y aún no ha oscurecido, mi entrenador y yo aprovechamos para rodar 30 min suaves por Central Park (lo tenemos a 300m del Hotel), así soltamos un poco las piernas del viaje.


En Central Park, la marea de corredores es impresionante. Hay muchos operarios trabajando para dejarlo todo a punto para el gran día. Todavía se nota la nevada del fin de semana anterior, ya que son muchos los árboles con sus ramas rotas y hay rincones en los que todavía se puede ver algo de nieve. Central Park está precioso, los colores del otoño, el cielo azul, las pistas de hielo, etc. Me parece increíble estar ahí, es como si no estuviera en una ciudad llena de rascacielos, es un pequeño oasis de paz y tranquilidad. No sé que tiene New York, es la 3ª vez que vengo a esta ciudad y no me deja de impresionar, ¡es mágica!


Los días previos a la prueba fueron muy tranquilos. El tiempo fue espectacular, no hacía frío y el cielo estaba azul y completamente despejado, dándole a la ciudad un toque mágico. Cada día que pasaba se veían más corredores inundando las calles de la gran manzana. ¡Se respiraba la maratón en el ambiente!


Esos días, los entrenamientos son muy suaves. Rodajes de 30-40min suaves por Central Park y unas buenas sesiones de estiramientos. Por las tardes salía a dar paseítos cortos por la ciudad (el Hotel estaba en pleno centro). Las compras y un poco de turismo, lo dejaría para después de la maratón, ahora tocaba descansar. Pero eso no quiere decir que no me diese algún que otro capricho, cayó una muffin de chocolate de Magnolia Bakery, ¡había que coger fuerzas para la maratón!


El día antes de la prueba se me pasó volando. Por la tarde tenemos la reunión técnica, allí nos dan el dorsal, entregamos los botes y nos dan apuntes técnicos a tener en cuenta para el gran día. El nerviosismo ya se empieza a notar en el ambiente. Tenemos ganas de que llegue el momento. Ese día, me acuesto temprano, pero antes de irme a descansar, me fui a dar un pequeño paseo por Times Square, ¡me encanta! Es vibrante. Podría tirarme allí horas, mirando las luces y a la gente. Las calles estaban repletas de corredores, en la cara se nota la expectación, ¡en menos de 15 horas estaríamos corriendo!


¡Llega el gran día!. Me despierto con un cierto gusanillo en el estómago. Desayuno mis cereales y café, acompañada de Antonio y Jesús. Esta mañana el comedor del desayuno está más silencioso. Estamos todos concentrados y pensando en nuestro objetivo. A las 6.45am partimos en el bus hacia la salida. La policía va abriéndonos el paso, para que el viaje sea lo más corto posible. El bus va silencioso. Me voy preparando mentalmente para la carrera, repaso el chip, el dorsal, las zapatillas. No queda nada para el gran momento y no quiero que nada se me escape.


Una vez en línea de salida, respiro hondo y visualizo el puente de la salida. ¡Por fin había llegado el momento! Sé que va a ser una carrera dura y difícil de correr, pero me he preparado para ello y tengo ganas de afrontarla. El día es espectacular, la temperatura ideal. Dan el pistoletazo tras escuchar el himno americano. Como me imaginaba, las buenas condiciones climatológicas, hacen que las africanas salgan marcando un fuerte ritmo de carrera. Al principio voy en un grupito, pero poco a poco, cada una vamos cogiendo nuestro ritmo de carrera y, en el km 10, me quedo sola. Es lo que tiene que corramos las chicas solas, es muy complicado encontrar una compañera de viaje. Mientras voy corriendo, voy atenta a mi cuerpo, escuchando mis sensaciones. Me encuentro muy bien y el ambiente de la prueba es impresionante. El circuito es muy duro y es complicado llevar un ritmo uniforme, pero las sensaciones son muy buenas y eso me da confianza. En la segunda parte de la prueba, la dureza del recorrido empieza a pasarme factura a nivel muscular y me cuesta mantener el ritmo inicial. Esta segunda parte es muy dura, pero el ambiente que hay en las calles es tan increíble que hace que esa dureza sea más liviana. Cruzo la meta en el puesto 14 y con un tiempo de 2h33’08 segundos. La segunda media se me hizo muy dura, pero estoy muy contenta. ¡He conseguido otra vez la mínima olímpica! Las piernas las tengo muscularmente rotas debido a las fuertes subidas y bajadas, pero me siento feliz. ¡He corrido la maratón de New York! Ha sido una experiencia increíble. Ahora entiendo porque es mítica, porque es tan grande. No tiene nada que ver con lo que he corrido o vivido. El ambiente, la organización, la gente, ¡es increíble!


De vuelta al Hotel, recibo felicitaciones de la gente de la calle. El hecho de haberla corrido y terminado es algo que los neoyorquinos valoran mucho y ves como felicitan a la gente que la han terminado, independientemente de la marca o puesto, ¡me encanta!


Tras una buena ducha, me voy con mis compis de viaje a comer por ahí para celebrarlo. Una buena hamburguesa y un cupcake de la Magnolia Bakery hacen que el dolor de piernas sea más leve. Estamos muy contentos con el resultado y la experiencia vivida; pero aún nos quedaba 1 día en New York y ¡había que aprovecharlo!


No sé que tiene New York, pero recomiendo a los que se quieran iniciar en el mundo de la maratón, que se inicien con ella. Es una experiencia que no van a olvidar. Es una ciudad mágica, vibrante, impresionante. Es increíble ver como una ciudad tan grande se vuelca con la maratón, viven por y para ella.


Bye, bye, New York!! I’ll come back soon.

NO TE DETENGAS...

Saturday the 24th. Alessandra Aguilar.